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Un foro para los fans españoles del famoso personaje creado por Stephenie Meyer
 
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 Noches de Luna Llena

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jonah_black
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MensajeTema: Noches de Luna Llena   Dom Ene 04, 2009 10:10 pm

Bueno, este es otro de mis libros xDDDDD os dejo con la información:


PORTADA:



ARGUMENTO/CONTRAPORTADA:

'Nunca creí en el amor a primera vista. Ni en el amor a distancia. En realidad, nunca creí en el amor a ciencia cierta.

¿Cómo sabes si estás haciendo lo correcto? ¿Cómo sabes que en realidad la persona a quién amas no es un monstruo?

Cuando tienes que elegir entre el amor de tu vida o tú propia sangre… cuando la vida de las dos personas más importantes para ti está en juego…

¿Cómo eres capaz de elegir entre uno de ellos?

Aquéllas vacaciones de verano que juraban ser un infierno, se convirtieron el en principio de la nueva vida. Ese verano fue protagonizado por un secreto que no debía ser rebelado, una realidad oscura y peligrosa, un juego prohibido, un juramento sellado con sangre… Nunca olvidaré todo lo ocurrido, nunca olvidaré la razón de mi existencia.
Y mucho menos olvidaré mis Noches de Luna Llena.'



CAPÍTULOS:

1 El principio de un infierno
2 Entre el alma y la piel
3 El diablo en persona
4 En el bosque
5 Recuerdos borrosos
... (en proceso)


SINOPSIS:

Iván es un muchacho de 16 años que está enamorado de Aitor, su ciberamigo. Su madre le castiga a pasar todas las vacaciones de verano en una caseta de campo con su padre, sin ordenador ni ningún acceso a internet. Por lo cual Iván debe olvidarse de su amor durante tres meses. Allí conoce al mejor amigo de su padre, Víctor, y a su hijo. Que és nada mas y nada menos que Aitor, la persona a quien Iván ama. Aitor le presenta a Iván sus amigos, entre ellos está el seductor Rubén, un muchacho que guarda un oscuro secreto. Iván cree haver alcanzado la felicidad al enterarse de que Aitor tambien está enamorado de él, pero pronto se verá metido en un gran lio que puede costarle la vida. Una noche en la que todos los chicos salen de botellón, Iván y Aitor sufren un accidente. A partir de ese momento, todo cambiará para los chicos, pues, Iván no conoce el verdadero secreto de su familia, donde él está implicado con prioridad. Ahora, el chico deberá elegir entre la vida de Aitor, o la vida de meritxell, su hermana. ¿Cómo podrá el chico tomar una decisión cuando la vida de las dos personas que mas quiere está en juego?
Si hay algo claro en todo esto, és que Iván nunca olvidará sus Noches de Luna Llena.

TRAILER:




Y una encuesta sobre este tema aquí: http://jacobblack.forosactivos.net/encuestas-f35/noches-de-luna-llena-t116.htm#489


Última edición por jonah_black el Mar Ene 06, 2009 6:06 pm, editado 1 vez
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jonah_black
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MensajeTema: Re: Noches de Luna Llena   Dom Ene 04, 2009 10:11 pm

Video de promo:



Ya está disponible en Yume no Tako, el blog oficial de mi amiga y yo:

http://yumenotako.blogspot.com/

Ahí lo podeis leer.


Última edición por jonah_black el Mar Ene 06, 2009 6:07 pm, editado 1 vez
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TaylorgasmicJake(LL)

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MensajeTema: Re: Noches de Luna Llena   Lun Ene 05, 2009 5:47 pm

uou, parece que será buena Very Happy

Yo tambien tengo un libro, pero no se ni como hacer el trailer ni la portada XD
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siilviietta_black
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MensajeTema: Re: Noches de Luna Llena   Lun Ene 05, 2009 7:38 pm

TaylorgasmicJake(LL) escribió:
uou, parece que será buena Very Happy

Yo tambien tengo un libro, pero no se ni como hacer el trailer ni la portada XD



si no sabes como acer unaportada dile a jona k te aga unaa
yo lo ago muxas veces!!
pa eso t ami kerido mejor amigooo
pa tocarle los cojones!!
jeje
noo k me lo kiero muxooo !!
pideseloo seguro te ace uno wapo!!
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siilviietta_black
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MensajeTema: Re: Noches de Luna Llena   Lun Ene 05, 2009 8:04 pm

jonaaa
acabo de ver lso videos
super wapos!!!
el que sale tu voz esta muiy bonitoooo
aunk la e notao rara jaja
pero mu bn
te kiero0o0!!!
aixx
el segundo con mi steven
esk es adorable o no?


jeje
ya tengoo 10.000!! siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
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jonah_black
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MensajeTema: Re: Noches de Luna Llena   Mar Ene 06, 2009 5:44 pm

siilviietta_black escribió:
jonaaa
acabo de ver lso videos
super wapos!!!
el que sale tu voz esta muiy bonitoooo
aunk la e notao rara jaja
pero mu bn
te kiero0o0!!!
aixx
el segundo con mi steven
esk es adorable o no?


jeje
ya tengoo 10.000!! siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii


Gracias silviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii (10.000 WAAAAAAAAAAAAAAA yo mañana voy al erosqui a comprar el de medianoche, y si no a ver si el jueves lo traen en el papiol)
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jonah_black
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MensajeTema: Capítulo 1 parte 1   Mar Ene 06, 2009 6:11 pm

*Bueno, voy a ir colgándolo xDDD:

Dedicatoria

Para mi hermana, Meritxell, que, en los momentos más difíciles, su sonrisa me ayuda a seguir adelante, y sin la cual esta historia no tendría sentido.


El espejo

Cuando le miro, él me mira. Si le sonrío, él me sonríe. Tiene mis ojos, mi boca, mis mejillas, mis cabellos, el color de mi iris, el de mi tez, mi mirada perdida, mis lágrimas... Él soy yo. ¡MENTIRA! Yo soy solo yo, él no es más que mi reflejo en el espejo, el reflejo de lo que aparento ser, el reflejo de la falsa felicidad que existe en mi alma. Podrá tener mi mirada, mi sonrisa... pero no mi corazón. Mis sentimientos son solo míos y de nadie mas. Me veo en el espejo y a veces siento vergüenza por lo que me muestra. Una persona sin alma propia, sin sentimientos. Una especie de fantasma con las ojeras mal disimuladas. Las ojeras provocadas por las noches en vela, las noches que el dolor no me deja dormir ni soñar. De hecho, hace tiempo que no sé que es soñar algo que no sea el reflejo de una pesadilla. El espejo, una palabra poética, es en realidad el sinónimo de la falsedad absoluta, de la copia. De una sonrisa inexistente, de un rostro vacio. Mi espejo no es más que mi YO más feliz, el único que no sufre, el YO que se atreve a sonreír. Mi YO inexistente.



Cabecera: ÉL

Últimamente... mis horas de descanso cesan a menudo. Las pesadillas cubren el vacio que dejaron mis sueños. La desesperación se arrincona en mi alma, de forma que no pueda verla, para ir dañándome poco a poco. Tengo miedo. Siento vértigo al pensar en esa nueva etapa de mi vida. Temo dar ese paso adelante. Pero... pensar en ÉL me forta-lece, hasta el punto de abatirme tanto que todo lo demás carece de importancia. Me gusta. Si. Me gusta mucho. No puedo seguir engañándome. Pero... también me juré intentar evitar a toda costa el amor. Ese sentimiento del cual solo he visto dolor y desesperación de cuantos lo rodean. La verdad, ahora ÉL, ocupa la prioridad de mis auroras, es mí anochecer: Mi crepúsculo. Dentro de mí se está produciendo una guerra en la cual mi corazón y mis sentimientos ganan el sesenta por ciento a mi mente y mi cuerpo. Cuando logren ganar del todo... todos mis esfuerzos serán en vano. Será ya demasiado tarde. Quizá... aún esté a tiempo de remediarlo. Si. Podría dejar de pensar en ÉL. Dejar de levantarme por las mañanas y encender el chat con la esperanza de verle conectado. De decirle '¡Hola!'. Quiero gritar, pero soy cobarde y temo quedarme sin voz. Temo a ese sentimiento que crece con cada 'jajaja' y con cada 'XD'. Temo a un amor tan lejano e inalcanzable. Pero no pienso ponerle remedio. No a costa de leer sus silencios. Aunque me lo haya jurado.



Capítulo 1: El principio de un infierno

Dejé escapar un sonoro bostezo.
Estaba muerto de sueño y, el mal humor, se había hecho presente en mí.
Estaba furioso.
Miré por la ventanilla del coche, había perdido la noción del tiempo. Podrían haber pasado horas desde que salimos de mi estimada ciudad de Londres. Los párpados me pesaban, pero por mucho que me rindiese y me dejase dormir sabia que no lo conseguiría. Nunca podía dormirme en el coche. Y, para rematar, estaba mareado. Sin duda ese viaje no podía ir peor. Las vacaciones de verano me susurraban que no me iban a dejar disfrutar ni un segundo de paz. Pero… en realidad yo sabia que todo era parte de un castigo. Me reí, me habían castigado simplemente por tener un amigo. ¡Qué estupidez! Sin duda ese viaje de vacaciones de verano no serviría para que yo cambiase ni de ser ni de parecer. Y mucho menos iba a conseguir que me olvidase de él. Aitor era su nombre. Lo conocí en un foro de internet. Si, lo conocí en la red. Y habíamos logrado hacernos muy amigos. Nunca pensé que podría llegar a confiar tanto en alguien a quién no conozco en persona y… mmm… creo que hasta me gusta. ¡Y qué leches! Me acabé enamorando de él. Si, efectivamente, yo soy de esos. Cómo decirlo… ¿Gay? Si, ese soy yo: Iván el gay. En realidad a los chicos como yo no nos gustaba nada esa expresión, ya que la gente la solía usar para ofendernos o hacernos sentir mal. Pero yo siempre llevaba mi cartel con la palabra colgando allí donde iba. Si yo mismo les demostraba que me importaba una… en fin, que me daba igual esa palabra, pensé que dejarían de decírmela. Y así pasó. Al principio todos se burlaban de mí por ello, pero yo mismo me reía de mi propio ridículo y mis tonterías, así la gente se cansaba y me dejaban en paz. Y así me iba. Mi vida social en el instituto había sido siempre algo… ¿estrecha? Si, eso. Me limitaba a juntarme con mis amigos, los marginados como yo. Bueno, no todos. Mi mejor amiga, Ingrid, era una de esas chicas que podrían ser populares si quisieran, pero ella se juntaba conmigo y con otros como yo, y eso estaba mal visto en el instituto. Tampoco era demasiado bueno con las notas… pero en fin. Dicho hecho no me daba demasiada garantía con respecto a mi estancia tranquila y sin problemas en casa. Tenía una relación complicada con mi madre. Ella siempre había soñado ser mi mejor amiga. Le habría gustado que yo hubiese confiado en ella lo suficiente como para contarle mis cosas más personales, pero no era así. Cuando tenia algún problema serio, ella lo notaba en mi carácter o mi forma de comportarme, pero no porque yo hubiese decidido que se enteraría. La quería mucho si, pero esa era la realidad. Y, cuando hacía cosas como la última cosa que hizo, se me solía olvidar lo mucho que la quería. Aitor y yo estábamos tan enganchados al chat que no nos apartábamos en todo el día del ordenador y, claro está, mi madre se había puesto celosa de él.
-No debes confiar en la gente que no conoces tan a la ligera- me había dicho ella, tres días atrás, malhumorada, cuando mi hermana pequeña (la mete narices) le había dicho que llevaba todo el día, otra vez, en el ordenador.
-No te preocupes por mi, sé cuidarme solito- le respondí yo con desdén –Además, a Aitor si que lo conozco- Seguía yo, contrariándola.
Después de aquello la discusión solamente llegó a que acabara castigándome sin inter-net durante todas las vacaciones de verano y, no era solo eso no, me había mandado con mi padre a pasar los tres meses de descanso que tenia a una caseta de campo que él había alquilado con un amigo suyo. Cuyo nombre desconozco a pesar de que me lo habían recordado unas… mil veces, creo. Conclusión, que mi madre estaba rabiosa y celosa de Aitor, y que para alejarme de él me había mandado lejos, a kilómetros de mi casa y de mi ordenador. Y mi padre no estaba al tanto, seguramente se pensaba que era una forma que mi madre tenia de acercarme a él, aunque yo no quisiera. Estaba destinado a pasarme los tres meses de verano sin hablar con el único chico que había logrado gustarme de verdad y… creo que yo también le gustaba a él. De hecho, teníamos una ciber relación, algo así. Bueno, por lo menos nos mandábamos mensajes terminados en un ‘TKM’ o besos y cosas así. Sé que era una soberana tontería, pero no podía dejar de pensar en él. Era el chico mas simpático que había conocido en toda mi vida, siempre me hacia reír, y me consolaba mucho hablar con él. Había veces en las que él ni siquiera sabía que yo estaba mal o tenia un día algo decaído, pero siempre lograba levantarme el ánimo. Otra de las cosas que me gustaban de él era que nunca se andaba con rodeos, si tenia que decirme algo, por mucho que no me fuese a gustar, me lo decía. No era de esos chicos que todo lo que haces te lo aplauden, si no le gustaba no le gustaba y punto. También era la única persona con la que había hablado de ciertos temas… sexuales. Aviso, yo aún no había perdido mi virginidad, tampoco había tenido nunca novio ni nada que se le parezca. Tampoco me había enamorado nunca, por lo menos nunca había llegado al punto de decir ‘si no es a tu lado no quiero vivir’. Si, yo me he tragado muchos culebrones. Y la verdad, no soñaba con enamorarme tanto de alguien, porque, aunque las historias de amor de los cuentos de hadas o de las novelas siempre acaban bien, hay demasiado sufrimiento, odio y venganza en cada uno de los personajes. Yo buscaba algo más parecido a la realidad, alguien a quién querer y que me quisiera también. Sin líos, sin rollos. Sin locuras. Solo una relación estable y tranquila. Aunque supongo que ya pedía mucho. En la vida real son mas las veces que se es feliz en sueños que con los pies en la tierra. Poca gente se conocía, se enamoraban y estaban juntos toda la vida sin ningún lio de por medio. Por lo que yo había visto a mi alrededor, las caricias, los mimitos, los te quiero mucho… solían ser la prioridad de las parejas al principio. Pero la convivencia y la confianza dan asco, sinceramente. La gente se cansa demasiado rápido los unos de los otros. Cada uno solo se preocupa de estar bien él, sin importarles los demás. Ni siquiera las familias son lo que eran antiguamente. En estos tiempos la gente se limita más a ser mejor que nadie, a ser superior. Y tú te ves obligado a hacer lo mismo, porque te das cuenta de que nadie correrá para ayudarte. De esa forma… ¿quién correría a ayudar a los demás si nadie se preocupaba de socorrerlo a él? Nadie. Ni existe la familia perfecta, ni el chico único. Pero, aún así, yo seguía pensando en Aitor como el chico perfecto. Aunque tenía del todo claro que él y yo solo teníamos algo muy poco estable, era más bien una amistad en la que se dicen cosas que se necesitan decir a toda costa. Bueno, creo que eso en su caso, porque en el mío no era así. Yo me levantaba por las mañanas pensando en él. Me conectaba al chat pensando en él. Hablaba con él pensando en él. Comía pensando en él. Salía con mis amigos pensando en él. Volvía a casa pensando en él. Me discutía con mi madre y mi hermana pensando en él. Me volvía a conectar al chat pensando en él. Me tiraba las horas conectado pensando en él. Me desconectaba pensando en él. Me acostaba pensando en él y soñaba con él. Sin duda lo tenía presente todo el día. Cada segundo que pasaba sin estar hablando con Aitor se me hacia eterno, y cada uno que me tiraba en frente de la pantalla, viéndole por la web cam o por fotos y leyendo sus frases fragmentadas y sus sonrisas y risas… se me pasaban volando. Me estaba obsesionando. Y solo lo conocía desde hacia… ¿tres meses? Quizá mas. No lo recordaba, pero parecía que fuese ayer cuando tuvimos nuestra primera conversación.


Última edición por jonah_black el Mar Ene 06, 2009 9:20 pm, editado 4 veces
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jonah_black
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MensajeTema: Capítulo 1 parte 2   Mar Ene 06, 2009 6:12 pm

-¡Qué guapo eres!- le había escrito yo después de que, por fin, se me había descargado su foto.
-Exageras- me había escrito él. Y… quizá si que yo exageraba un poco. Aitor era mono, pero no era como si su cara estuviese esculpida por ángeles. Sin embargo, para mí, era perfecto. No era el físico lo que más me atraía de él, aunque no lo descartaba, si no su forma de hablar conmigo, de tratarme…
Observé sus grandes ojos negros y rasgados mirándome a través de la foto reproducida en mi pantalla. Su mirada era penetrante y sincera. Como él. Su cara poco alargada, mas bien redonda, pero sin relleno innecesario, con un leve hoyuelo en la barbilla, algo que generalmente no me gustaba en las personas, pero a Aitor se le podía permitir. Su pelo corto y de punta. Castaño oscuro. La tez morena. Su nariz no era totalmente recta ni perfecta, pero hacia juego en su cara. Sus labios carnosos me provocaban unos calores sofocantes. Su cuello grueso, sin exagerar, me atraía hacia la pantalla. La foto estaba hecha de pecho para arriba, pero aún así alcanzaba a ver el logotipo de La coste en la parte izquierda del pecho. El cocodrilo estaba medio cortado, pero lo reconocí. Llevaba una camisa negra, con el cuello desabrochado. Me miraba fijamente, bueno no a mi si no a la cámara, y en su rostro se dibujaba una sonrisa pícara y… para mi, sexy. Nunca le había dicho que me gustaba tanto, solo que ‘me molaba’. Posiblemente se burlaría de mí si le explicaba todo lo atraído que me sentía por él. Bueno, o no, si de verdad me tenia aprecio, pero es que hasta a mi me parecía ridícula y absurda mi obsesión. Pero no había forma de remediarlo. Ya no. Y lo peor era que lo iba a pasar realmente mal ese verano. Nunca estaba lo suficientemente a gusto con mi padre. No me llevaba precisamente bien con él cuando a relacionarse en persona se trata. Creo que me caía mucho mejor por teléfono.
La cabeza me dolía debido al mareo.
Bajé el vidrio de la ventanilla para que el aire me diera en la cara. Seguíamos en la ca-rretera. Miré uno de los carteles azules, donde se solía indicar hacia que dirección estaba cada ciudad o lo que fuese. Pero del cansancio se me nublaba la vista, pues no había pegado ojo en toda la noche. Se me ocurrió preguntarle a mi padre, que estaba conduciendo, cuanto nos quedaba de camino, pero borré esa idea de mi cabeza de inmediato. Casi se me olvidaba que seguía enfadado y que les había jurado a él y a mi madre que no les dirigiría la palabra en lo que me restaba de vida.
-¿Otra vez haciendo morros?- dijo mi padre. Lo había hecho sin darme cuenta, para variar.
No le miré.
Soltó una carcajada. ¿Qué tenia de gracioso someter a tu propio hijo a la mas torturan-te de las torturas? ¿Acaso no se daba cuenta de que todo esto me hacia daño en serio? No es que me molestase irme de vacaciones a otro pueblo… pero el caso es que era un castigo. Y un castigo nunca deja de ser molesto, sea como sea. Y a demás no se me per-mitía disfrutar de los minutos más felices de mi mediocre vida: mis minutos hablando con Aitor. Ya les valía. Se estaban pasando.
-Las vacaciones te van a gustar en serio hijo, confía en mi- me soltó –Además te tengo una sorpresa para cuando lleguemos- añadió.
Al carajo con la sorpresa.
Aunque… no estaría mal que fuese un portátil y antena con acceso a red.
Suspiré.
-No lo entiendes- dije al fin, cansado de estar callado. La voz me sonó ronca, mucho más de lo que me esperaba.
-Hijo, estar el día enganchado al ordenador es malo, y lo sabes- me sermoneó.
-¿Lo dices por propia experiencia? Porque, que yo recuerde, mi madre te dejó por tu maldita adición. Será que no quieres que sea un fracasado como tu, ¿verdad?- dije. No me arrepentí, se lo merecía. No le había contado a mi padre nada sobre Aitor. No lo entendería, ¿o si? Igualmente, no pensaba arriesgarme. No dejaba de ser un secreto ajeno a los demás. A nadie le importaba con quién me dedicaba yo a chatear, ni siquiera mi madre lo sabia, aunque le había mencionado su nombre en alguna ocasión. Y a demás, con mi padre, pocas veces hablaba, ya que me disgustaba demasiado.
Nos paramos a almorzar en un bar que se encontraba al lado de una gasolinera. Yo se-guía desorientado. Y enfadado. Después de nuestra corta conversación yo había decidido volver a quedarme mudo. Aunque mi mente parecía una cotorra, no dejaba de hacer cometarios a todo lo que iba viendo: Gente extranjera con sacos de dormir al lado de sus coches, entre otras cosas. Seguía sin saber la hora que era y cuanto de camino llevábamos, no lo había preguntado y mi padre no se había molestado en ponerme al tanto. Me limité a pedir al camarero la comida sin fijarme siquiera en el precio pero, por instinto, supe que me había elegido lo mas caro. Y lo había hecho adrede. Pero él no me dijo nada. Me limité a comerme el entrecot lentamente, a propósito, para retrasar la llegada un poco más. Quizá me estaba pasando de la raya pero… yo estaba destinado a ser sometido bajo unas torturantes y desdichadas vacaciones de verano así que… ¿por qué no torturar al causante retrasándole el viaje o poniéndole de los nervios? No le miré en ningún momento, pero en el ritmo de su respiración percibí su desesperación.
Me reí para mis adentros.
Una vez más en el coche mis párpados me pedían a gritos que me rindiese. Así que cerré los ojos, se me relajaron y sentí el cansancio como si me hubiesen echado un cubo de agua fría encima. Aún así, supe, que no me dormiría. Pensé en él de nuevo, en Aitor. Me imaginé su voz. Un susurro dulce y cálido que me silbaba al oído las cosas más cursis que se me podían ocurrir. Sabia que él no era cursi en absoluto, pero en ese momento no era buena idea tener ninguna fantasía erótica, ya que seguramente no podría reprimir ciertos… ¿caretos? O quizá que se me cayese la baba. Intenté imaginarme también su olor, pero mi imaginación no llegaba a tanto. Y eso que lo había practicado. Sentí un nudo en la garganta, seguramente nunca en la vida llegaría a saber como olía él. Eso me provocó un dolor inquebrantable. Definitivamente me estaba obsesionando. Era una locura sentirse tan atraído por alguien que solo se conocía cibernéticamente. Yo estaba loco. Pero… había una frase que se me había ocurrido pocas semanas atrás… ¿cómo era? ¡A sí! ‘Los momentos que nunca vivirás siempre serán los mas difíciles de olvidar’ ¡Cuánta razón tenia! Yo lo sabía por pura experiencia. Sin duda, lo mío parecía un culebrón. Me había planteado, para cuando fuese mayor de edad, en publicar mi diario como si fuese una obra literaria, o un simple libro de pensamientos… sin duda alguna, seria un cúmulo de frases que a más de uno o una les emocionaría. Cada pagina estaba exclusivamente rellenada con lo que había sentido tal día al pensar en Aitor, eso si, creo que no escribí su nombre en ningún momento. ¡Pecado! No. Evidentemente yo era un muchacho muy previsor. Si a mi madre le daba por leerlo la excusa perfecta era: Un recopilatorio de escritos sacados de distintas series de TV u obras literarias. O de los mismísimos culebrones. Seguro que se lo tragaba. Y ni se le pasaría por la cabeza que yo estaba escribiendo un diario. De hecho… hasta a mi se me hacia raro. En realidad empecé a escribirlo cuando le conocí a él, solo con unos pocos meses ya tenia casi todas la hojas rellenas, creo que ya mismo me tocaría comprarme otro. Que, seguramente, no me duraría demasiado si tenia que rellenarlo en el verano. Este, sin duda, seria un drama total.
Volví a abrir los ojos.


Última edición por jonah_black el Mar Ene 06, 2009 6:15 pm, editado 1 vez
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jonah_black
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MensajeTema: Capítulo 1 parte 3   Mar Ene 06, 2009 6:13 pm

La estancia se me había tornado grisácea debido al largo rato de ceguera.
Miré por la ventanilla. Vi un cartel, pero no lo leí. Sabia que no debía faltar demasiado para llegar, y, cada milímetro que nos acercábamos a nuestro destino y nos alejábamos de mi pueblo, era como si una gran estaca se me clavase en el pecho con toda la fuerza del mundo. Creo… que soy demasiado exagerado. Pero tenía suerte de que nadie fuese capaz de leerme el pensamiento. De ser así ya estaría en un manicomio.
Bostecé del cansancio. Otra vez.
Mi padre me miró a través del espejo de delante que… no recuerdo que nombre tenia. Le devolví la mirada. Sus ojos detonaban curiosidad. ¿Qué me iba a preguntar ahora? No tenia ganas de que me sometiera a un interrogatorio. Crucé los dedos rezando por que mi madre no le hubiese contado nada sobre Aitor, aunque yo nunca le había dicho nada a ella, no estaba del todo seguro que desconociera el tema. A demás mi hermana se había dedicado a espiarme y a meterse en mi ordenador para leer mis conversaciones. No sé cuantas veces había cambiado ya de contraseña, ella tenía una habilidad indudable para adivinarlas.
-¿Por qué estás tan enfadado?- me soltó. Volvió la vista a la carretera, pero solo porque iba conduciendo.
No supe que decirle, así que improvisé.
-Habéis planeado mis vacaciones sin consultarme y sin pedirme permiso- espeté –Me habéis apartado de mis amigos sin darme tiempo para despedirme. Y encima todo es un castigo.
Enarcó una ceja.
Esperó a que siguiera, pero no fue así.
-¿Y…?- preguntó, rindiéndose.
-¡Y! ¿Qué?- pregunté, sin disimular el desagrado.
Me sonrió.
-Hay algo mas- siguió. Suspiré, pero en realidad deseé que me tragase la tierra.
¿Seria mala idea saltar del coche estando en marcha?
No respondí y miré por la ventanilla. Vi que los costados de la carretera estaban ro-deados por un bosque. Entonces… no debíamos estar demasiado lejos, recordaba esos árboles… cuyo nombre ni me sabia ni me interesaba.
-Estoy esperando- me espetó mi padre. Me había olvidado completamente de él, para variar.
Le miré de nuevo.
-Son cosas mías- al final decidí contar parte de la verdad. Solo parte, que conste.
-Ya- siguió -¿Qué cosas?
-¿Por qué no nos ahorramos esta conversación y por la noche cuando yo duerma me robas el diario? Eso es menos digno, pero más sencillo y menos torturador- no estaba mintiendo, aunque me arrepentí de inmediato de lo que había dicho.
-¿Tienes un diario?- sonrió con maleza intencionada. De una forma patosa y patética, ¡que se dedique al parchís! –Interesante.
-No te creas que lo tendrás fácil, soy capaz de quemarlo en cuanto lleguemos- le reté. Y no estaba mintiendo.
Se me escapó otro bostezo.
Volví a mirar por la ventanilla. Demasiado cansado y aburrido a la vez. Miré el paisaje aunque no le prestaba la menor atención. Mi padre se había rendido, sabía que cuando yo estaba en plan… digamos que no de demasiados ánimos, no era de fiar tentarme a que me diese un ataque de nervios. Aunque con mi padre había tenido pocos, se rendía rápido. Eso era lo único que me gustaba de él.
Volví a bostezar.
¡Qué rallante!
Empecé a desear de verdad que llegase el fin del viaje. Única y exclusivamente para meterme en la cama y dormir. Posiblemente no me despertaría de mi sueño hasta que no se acabasen las vacaciones. Por lo menos, era un plan más reconfortante que el que habían planeado para mí. Y también era algo mas… ¿descansado? Eso seguro.
Oí un portazo a mi lado.
-¡Iván!- me llamó mi padre.
Pero se oía lejano.
-¡Iván!- me volvió a llamar. Esta vez más cerca. No veía nada… todo negro -¡IVÁN!- fue el último grito antes de despertarme.
Abrí los ojos.
Me había quedado dormido en el coche ¿cómo lo había conseguido? Supongo que tres noches seguidas sin pegar ojo habían ayudado.
-Ya hemos llegado, hijo- me dijo. Salí del coche torpemente tropezando. Casi me caí al suelo, pero logré mantener el equilibrio.
Ya era de noche.
Mi padre había aparcado justo en frente de una casa no demasiado grande. Ni demasiado pequeña. Las paredes estaban pintadas de un grisáceo blanco. No pude percibir bien ni las tejas ni los decorados ni nada que describiese la casa, el cansancio no cesaba.
Mis párpados me pesaban como si mis pestañas estuviesen bañadas en plomo.
-Te acompañaré a tu habitación, hijo- me dijo mi padre, haciéndome señas para entrar en la casa –tienes una pinta horrible, no creo que seas capaz de llevar tu equipaje dentro- siguió, aguantándose la risa.
Posiblemente yo había empezado a caminar medio torcido, o debía de dar la impresión de que me iba a desmayar allí mismo. De lo contrario, mi padre no se habría dado cuenta de que no estaba disponible.
Entramos en la casa. Yo con los ojos solo lo suficientemente abiertos para ver los obstáculos que se posaban en mi camino para no tropezar. El camino se me hizo eterno. Al fin me tumbé sobre un colchón. Imagino que era mi cama. Y dormí plácidamente.
Soñé algo extraño.
Yo corría por un bosque… si, era un bosque. Jadeaba. No sabia por qué, pero solo quería correr hacia delante. Eché un vistazo a mis espaldas, me perseguía algo. Y digo algo porque no era un hombre. Ni una mujer. Ni un niño. No era humano, pero tenia la altura de una persona, y no iba a cuatro patas, si no a dos piernas.
Eso es todo lo que era capaz de recordar del sueño cuando me desperté.
Estaba en la cama. La mía, supuse. No estaba tapado. De hecho, el colchón, solo tenía una sábana y yo seguía con la ropa puesta: una camiseta roja y blanca en la que ponía España y un pantalón de chándal de color azul marino. Hecho un desastre, pero para hacer un viaje en coche de unas… doce horas no iba a ir vestido con esmoquin.
Me levanté.
Visualicé la habitación. Las paredes estaban pintadas de un color verde manzana. Me encantaba ese color, me recordaba a mi verdadera habitación.
El dormitorio era amplio y, a parte de la mía, tenía otra cama. La cual estaba vacía. También con solo una sábana blanca. Entre las dos camas había una mesita de noche. En la cabeza de ambas se posaba la ventana, que ocupaba casi toda la pared. Con unas cortinas blancas. En los pies de la cama opuesta a la mía se encontraba un gran armario empotrado a la pared. La madera era de un color oscuro, no hacia demasiado juego con el verde manzana de las paredes. El armario parecía más un agujero negro. Por lo menos esa era la impresión que me daba a mí con la vista aún adormecida. Encima de la mesita de noche se encontraba el interruptor de la luz. La encendí. Me dolieron un poco los ojos debido a la luminosidad de la estancia. Del techo colgaba una lámpara grande, que iluminaba de forma excesiva la habitación. Tanto así que me cegaba. En mi lado, el de mi cama (a la derecha de la habitación desde la posición de la ventana) estaba la cuerda de la persiana. La subí. Aún era de noche. Apagué la luz y dejé que entrasen los rayos de la luna. Era preciosa. Contemplé las estrellas. Había tantas… seré burro, ¿cómo no iban a haber tantas? Posé la vista en el gran jardín. Había una piscina. Estaba bacía. Era grande.


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MensajeTema: Capítulo 1 parte 4   Mar Ene 06, 2009 6:13 pm

Oí un ruido bajo mi ventana (no era de gran altura). Vi una silueta en la oscuridad. No conseguía distinguirla.
-Oye- susurró la silueta. El susurro era masculino y joven. ¿Se dirigía a mí? –El de la ventana- añadió dándole respuesta a mi pregunta.
-¿Quién eres?- señalé siendo fiel a su susurro.
-Soy vuestro vecino- dijo -¿Por qué no bajas?- siguió.
¿Por qué iba a bajar? No le conocía de nada. Pero entonces caí, estábamos en Almonte, un pequeño pueblo de Huelva (Andalucía). Allí la gente era mucho mas liberal que en el pequeño pueblo de Calafell, dentro de Cataluña. Donde la gente solía ser más bien arisca.
De repente me entraron unas ganas inquebrantables de bajar. Así que decidí que lo haría.
-Está bien, espera que me vista- susurré a la silueta.
Posiblemente el chico era algún pariente mío, teniendo en cuenta que más de la mitad de la población de Almonte eran de mi familia. Yo no conocía ni a una cuarta parte, pe-ro estaba seguro que si mi padre había alquilado la casa ya se habría enterado todo el pueblo, posiblemente, del nombre del hijo del hombre que había ido a pasar las vacaciones de verano allí.
Busqué mi ropa. No recordaba exactamente como había llegado a aquella habitación, pero si de que mi padre me había dicho no se qué del equipaje. Me dirigí al armario, lo abrí. Allí estaban mis maletas. El espacio era lo suficientemente grande para que las ma-letas que contenían mi ropa (que no eran pocas) ocupase un poco menos de la mitad. Abrí la primera que pillé sin fijarme en cual era. Cogí unos tejanos que estaban bien doblados. Esa debía de ser una de las maletas que me había preparado mi madre. Agarré también una camiseta blanca, que también estaba cuidadosamente doblada. Me desnudé. Me puse los tejanos rápidamente. Seguidos de la camiseta, unos calcetines y unas bambas negras compradas en el mercadillo.
Me miré en el espejo del armario.
A pesar de haberlo escogido a dedo el conjunto no me sentaba nada mal. Mi pelo ru-bio tenía un par de cuernos. No lo tenía largo, más bien corto, pero no rapado. Me había crecido ya bastante desde la última vez que había ido a la peluquería por petición de mi madre. En mi opinión, así me quedaba mucho mejor. Mis ojos eran de un tono azulado, no tenía unas pestañas altamente definidas, pero eran aceptables. Mis cejas eran espesas y, en ese momento, despeinadas. Tenía la nariz algo grande. Mi piel era pálida, por lo menos bastante mas que la de Aitor. Era alto, o eso me decía la gente. A mi madre le sacaba una cabeza y media. Aunque a mi madre sacarle una cabeza y media no era tan difícil.
Me peiné como mejor pude con las manos, no quedó tan desastroso como pensaba. Pero aún así quedó algún que otro mechón rebelde. Me dirigí a la puerta que posaba a mis espaldas. En los pies de la cama en la cual había escogido mi cansancio la noche anterior. Todo estaba a oscuras. Puse las manos en las paredes buscando algún interruptor. No lo encontré así que esperé a que mis ojos se acostumbrasen lo suficiente a la oscuridad de la casa como para poder moverme. Lo preferí así, era mejor no despertar a nadie. Aunque no sabía si había alguien más a parte de mí y de mi padre en esa casa. ¿Habría llegado ya su amigo con el que la había alquilado? A saber.
Vi unas escaleras que conducían al piso de abajo. No recordaba haberlas subido la no-che anterior. Aunque mas bien debería decir horas atrás. Eso suponiendo que no me hubiese dado por dormir un día entero como mínimo. Descarté esa idea enseguida, el cansancio no se me había ido, así que no debía de haber dormido demasiado más que en el coche.
Bajé las escaleras cautelosamente. Justo al final se encontraba el vestíbulo. Me dirigí a la puerta de entrada sin fijarme si quiera en nada. No me interesaba retrasarme más. Aunque aún no sabia siquiera con quién me iba a ver. Crucé los dedos y deseé que fuese un chico guapo y encima… gay.
Mis plegarias se habían cumplido.
Cuando me encontré con él en mi fuero interno grité eufórico. Estaba… ¡Buenísimo! Era de pelo castaño claro. Pálido. Ojos negros y grandes. Nariz recta, perfecta. Unos pocos centímetros más altos que yo. Iba vestido con una camisa sin mangas estrecha, por lo cual noté que estaba musculado. No era… carne de gimnasio, pero me entraron unos calorcitos en el pecho que temí que me saliera humo por las orejas. Sonreía. Tenía una dentadura recta, blanca. Perfecta.
-Hola- me saludó caminando hacia mí a grandes zancadas. Aunque no le hicieron falta mas de tres ya que no nos separaba una gran distancia. Lo que provocó que se me acer-cara demasiado. Lo suficiente como para percibir un dulce olor que provenía de su piel. No sabía como describir el suave aroma que me inundó el cerebro. Era muy seductor. Tanto como él.
-¿Qué tal?- saludé yo, intentando disimular mi fascinación por semejante belleza ¿seguro que no seguía soñando?
-Muy bien ¿Y tú?- respondió.
-Adormecido- admití. Se rió. Su risa era también demasiado seductora. Sentí el impul-so de besarle. Ya me estaba obsesionando, como de costumbre. Me sentí culpable por Aitor. Aunque, aún así, este chico no me parecía ni la mitad de seductor de lo que me parecía mi amado ciber novio.
-Me llamo Rubén- dijo estrechándome su mano derecha.
-Yo soy Iván- respondí fiel al gesto. Su mano era cálida.
-Así que tu eres el famoso hijo de Santi- dijo una vez hubiésemos soltado la mano el uno del otro. No estaba equivocado, ya se había enterado todo el pueblo.
-Si- suspiré. Él volvió a reírse.
-No te preocupes, si me preguntan, no te he visto- se burló. En cualquier ocasión eso me habría molestado, pero este chico se había empezado a ganar mi confianza.
¡Iván! ¡Que ni le conoces! Dijo la parte angelical de mi conciencia. Me imaginé como en los dibujos animados. A cada lado de mi hombro un yo. Uno disfrazado de ángel y otro con un tridente y vestido de rojo.
Mi yo disfrazado de demonio alargaba el tridente hacia el ángel, posiblemente para ce-rrarle la boca…
Aparté mi mente de aquella imagen infantil y me sonrojé.
-¿Cuándo habéis llegado?- preguntó Rubén. Me di cuenta de que habíamos empezado a andar en la oscuridad.
-¿A dónde nos dirigimos?- pregunté. Se encogió de hombros.
-Yo te seguía a ti- me dijo.
Suspiré.
-Y yo a ti.
Se carcajeó. Me contagió las risotadas. Se sentó al borde de la piscina, con los pies de-ntro, acto que a mi me parecía agradable cuando estaba llena, pero así, bacía, no le en-contraba demasiado sentido. Pero le imité.
-Así al menos no nos perderemos por ahí- dijo sin dejar de sonreírme. Asentí devol-viéndole la sonrisa.
-¿Cómo has entrado?- le pregunté, se encogió de hombros. Hasta ese acto hecho por él me pareció sexy.
-¿Te molesta?- dijo. Dejó de sonreír y me miró en espera de una respuesta.
-En realidad no- respondí –pero si has entrado tu podría entrar cualquiera.
Se volvió a reír.
-No te preocupes, yo he entrado porque tengo la llave- explicó –tu padre me la confió antes de venirse, yo me encargué de hacer copias para ti y su amigo- se le volvió a dibu-jar una sonrisa en el rostro. Sabía que era de fiar.
-Ya imaginaba yo que no eras ningún ladrón- le dije devolviéndole la sonrisa. Me sentí tonto, pero no lo podía evitar.
-¿A si? ¿Y por qué?- me retó.
-No sé, si yo fuera un ladrón no habría llamado a nadie que viviese en la casa ni le habría dicho que bajase- seguí. Sonrió de nuevo, pero esta vez de una forma pícara. Me recordó a Aitor.
-Bueno, también podría haberte dicho que bajases por si acaso me habías pillado, pues con tal de disimular- dijo. Me fijé en su acento, no era acento de una persona de Anda-lucía, era mas bien como el mío, catalán.
Suspiré en tono de rendición. Comprendí que era el momento de cortar aquella con-versación, no era conveniente exponerse a que me dejase peor.
-No estás nada mal- soltó. Y yo me sobresalté. Le miré a los ojos, no parecía que se es-tuviese burlando.
-¿A qué viene eso?- le pregunté.
-Bueno, no sé, cuando nos hemos visto he notado como… no sé, como una conexión especial ¿sabes?- explicó. Supe a qué se refería. Se había dado cuenta de mi fascinación por su belleza.
Seré idiota.


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MensajeTema: Capítulo 1 parte 5   Mar Ene 06, 2009 6:14 pm

-No he dicho nada- dijo, antes de ponerse en pié. Le imité.
-Tu… ¿lo eres?- pregunté. Me sonrió. Se acercó a mí y… ¡Me plantó un beso!
Su cálido aliento me invadió los sentidos. Su lengua jugueteó con la mía. Sin darme cuenta enrosqué mis brazos en su cuello. Me sentía… celestial. Su dulce olor me provo-caba, no quería que parase. Su aliento era incluso más seductor que su aroma corporal. Su lengua suave. Me acarició el paladar, me hacia cosquillas. Yo pasé mi lengua por sus dientes, saboreando su saliva. Me había… excitado demasiado, si esto no paraba ya… pero no quería que se apartase.
De golpe salió el ángel en mi hombro derecho (no sabia en que lado iba exactamente, pero como la derecha era mi preferida lo posé ahí)
¡Iván termina ya! ¡Lo acabas de conocer! Me gritó. Por primera vez en mi vida odié al ángel y sentí un gran alivio cuando el demonio salió y lo empezó a estrangular con su cola. ¿Me estaba volviendo demasiado sádico?
Rubén apartó sus labios de los míos.
-No te lo tomes como algo personal- me dijo en un susurro lo suficientemente cerca de mi como para seguir sintiendo su aliento. Ya fuera de mi boca.
Tardé un poco en descifrar lo que me había dicho. Me molestó un poco si significaba lo que pensé. Pero antes de que yo abriera la boca para hablar puso su dedo índice sobre mis labios para callarme.
-Ha sido mi primer beso- me espetó –Lo siento, no lo he podido evitar, eres el único como yo que conozco- le compadecí. Me sentía en su misma situación. Sin duda, el beso no había arrastrado con él ningún tipo de sentimiento, había sido solamente un impulso por parte de ambos. Un beso y ya está.
Pero era mi primer beso también.
Quizá era un poco anticuado pero… yo quería que el primero fuese con alguien espe-cial. Rubén me había parecido muy guapo, pero solo eso. Por mucha simpatía que com-partiéramos esa era nuestra primera conversación. Y por un momento se había desvanecido Aitor de mis pensamientos. Exactamente, en el momento del beso. Me sentí fatal por él.
Rubén se apartó de mí obligándome a desenroscar los brazos de su cuello.
-Será mejor que descanses un rato más, las ojeras delatan tu cansancio- dijo, me volvió a sonreír. Y yo le volví a responder con una torpe imitación de su seductora sonrisa. Pasó por mi lado y se perdió en la oscuridad. Me quedé solo. Pensativo, para variar.
Me senté al borde de la piscina, de la misma forma en la que me había sentado al lado de Rubén. Pensé en él. Y en Aitor. Si era verdad que entre nosotros había habido una conexión especial peligraba el hecho de que yo me enamorase de él pero… ¿qué haría con lo que ya sentía por Aitor? Tenía todo un verano por delante para conocer a Rubén.
Aitor y yo en el fondo no teníamos ninguna relación seria. Pero teníamos algo. Y lo peor era que no iba a poder hablar con él hasta el fin de las vacaciones y… si ya solo en la primera conversación Rubén y yo nos habíamos besado… ¿qué pasaría mas adelante? Si, me estaba obsesionando de nuevo. Solo había sido un beso, un impulso. Tal y como él había dicho.
Pero para mi fue algo mas.
Sentía una especie de fuerza que me atraía hacia él. No me quitaba de la cabeza ese sa-bor tan dulce de su boca. Su saliva… su aliento.
Mientras que de Aitor no sabía ni cual era el sonido de su voz.

Continuará con el Capítulo 2: Entre el alma y la piel.
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